Testimonio de Juan.

Nos encontramos un día, nuestras miradas se cruzaron y desde ese momento quedamos prendidos uno a otro de una manera muy natural, como lo hacen una mujer y un hombre en circunstancias normales. No obstante, yo era su profesor en la universidad, donde ella era la alumna más brillante y destacada, le llevaba 13 años y aparte estaba casado, ella apenas iba a concluir la licenciatura y tenía una relación formal con su novio.

Todo lo anterior no fue un obstáculo para que iniciáramos un gran romance, en el que hubo momentos bellísimos que jamás hubiera imaginado. En consecuencia, al poco tiempo estábamos totalmente enamorados uno de otro, por lo que finalmente nos entregamos de manera espontánea. Con el tiempo las relaciones se hicieron cada vez más frecuentes e intensas, creció la necesidad de estar juntos y solos, y no perdíamos oportunidad para así hacerlo. Sin embargo, no observamos ningún tipo de cuidado, lo hacíamos de manera irresponsable, sin que alguna vez nos detuviéramos a pensar que existía la gran posibilidad de engendrar un ser.

Una tarde me comentó que se sentía rara y que se le había retrasado la menstruación, cosa que tomamos tranquilamente, sin alarmarnos y decidimos esperar unos días. Al poco tiempo, cuando ya no era posible esperar más, acudimos con el médico, quién después de un par de exámenes nos anunció que pronto seríamos padres, pues ella estaba embarazada. Esa noticia, se me hizo fantástica, pues muchas veces me imaginé formando una nueva familia con ella, y ahora era la gran oportunidad. Por la noche, me hice muchas ilusiones y esas me dieron valor para decidir enfrentar la situación con mi propia familia, separarme y afrontar lo que surgiera.

Al día siguiente se lo expresé emocionado, pero la noté extraña, como que la situación por la que atravesábamos no era la mejor para ella. Me comentó que tenía que muchas cosas que hacer por delante, que no tenía contemplado en ese momento tener un hijo y que no deseaba que su cuerpo se fuera a deformar con el embarazo. Todo esto fue como un balde de agua para mi, pues creía que el bebé vendría a reforzar nuestro amor y a ser la base de nuestra futura familia.

El caso es que después de hablarlo y poner antecedentes y consecuencias, decidimos libremente buscar abortar. Encontramos un médico en un hospital de renombre y lo hicimos. Regresamos en silencio cada uno cavilando por si mismo, más tarde la dejé sola en su casa. Por la noche le llamé para saber como se sentía, imaginando encontrarla débil y desmoralizada, el caso es que en ese momento ya se iba de fiesta, me sentí cobarde, tonto, y reflexioné mucho acerca de lo que había pasado…

La relación continúo, ya no tan bella, ya no tan espontánea y con muchos altibajos. Aún así, nos amábamos y sin siquiera advertirlo, volvimos a caer en lo mismo y prácticamente un año después, nuevamente esperábamos un bebé. Nos costó menos trabajo decidirlo, argumentamos que no pasábamos por un buen momento por esos días, que la relación, la confianza y las ganas de hacer algo juntos se habían deteriorado y que lo mejor era volver a abortar, para esperar después haber si la relación se mejoraba.
Volví a sentirme tan mal como la primera vez, pues era algo que iba en contra de mis principios, de mis creencias, de mi religión y en general de mi vida, pero nuevamente también había actuado cobardemente, pues hice exactamente nada.

Tiempo después, ella que siempre estaba muy cerca de Dios, se acercó mucho más a El y me hizo ver la magnitud y la gravedad de los hechos que ambos habíamos cometido. Por lo que, aparte del arrepentimiento que ambos podríamos mostrar, debíamos hacer algo inmediato por esos dos pequeñitos y lo primero era otorgarles su nombre. Así que nuestros bebés fueron llamados  Valeria y José María con sus apellidos respectivos.

Dejamos de vernos un tiempo, en ese lapso yo me sentía confundido, me sentía perdido y sobretodo me sentía un gran cobarde. Escribí un poema “Eran de Septiembre los Dos”, queriendo mitigar todos esos sentimientos encontrados que experimentaba y que no me dejaban en paz, deseando hacerles llegar un breve mensaje de arrepentimiento.

Volvimos a encontrarnos una y en muchas ocasiones más, pero cada vez la distancia era mayor y un día dejamos de vernos en definitiva, nos perdimos y dejamos perder todo eso que nos había unido y que había representado un gran amor. Habíamos acumulado en no sé en cuanto tiempo algo de desconsuelo, de rencor, de desconfianza y muchas cosas más, por lo que era insano continuar.

En el año 2000, año del Jubileo tuve la oportunidad de cruzar la puerta de la iglesia de San Pedro hasta en tres ocasiones. En todas esas mi mente estaba puesta en los actos tan deplorables que había cometido y después de confesarlos al sacerdote, pedí perdón a Dios, perdón a ella y perdón a ellos. Esto me trajo un tanto de tranquilidad, de paz y de nuevas esperanzas para continuar.

Años después la volví a ver, nos pedimos perdón por todo lo pasado, por todos los agravios cometidos en contra nuestra, en contra de Valeria y de José María,  y por todas las omisiones, errores y demás cosas que nos condujeron a dejarnos. Fue un encuentro tranquilo, pero a la vez con cierto aire de reclamo, no obstante preferí no enfrentarlo y me despedí escuchando que con ese encuentro se cerraba ya el ciclo.

Han habido encuentros subsecuentes, me ha explicado el camino para alcanzar el perdón bajo las normas de nuestra religión y hemos podido conversar con más calma aquello que pasó, como pasó y lo que nos dejó.

A veces, en medio de la soledad, me detengo a pensar como serían ellos, como sería nuestra vida a su lado y que estaríamos haciendo. Nuevamente me siento cobarde, pues con todo lo que me encantan los niños, con todo el respeto que siento por ellos y con todo lo que entreveo en ellos, no fui capaz de luchar porque sobrevivieran, por que tuvieran la oportunidad de disfrutar esta vida que es preciosa, y sin embargo, cerramos sus ojos antes de que siquiera se asomaran a ella. Nuevamente entonces les pido perdón y no dejaré de hacerlo nunca…     

Juan

 

Soy responsable de 75,000 abortos

Ginecólogo–Obstetra,conocido como “el rey del aborto”. Durante muchos años fue uno de los principales promotores de la legalización del aborto en los Estados Unidos, hasta conseguir que la Corte Suprema, de ese país, derogara las leyes que lo restringían, en 1973. 

 

Escribo no sólo como médico obstetra y ginecólogo, sino también como experto en bioética, puesto que recibí mi postgrado en la Universidad Vanderbilt, hace un año.

Me gustaría dividir este escrito en tres partes. Hablaré del pasado del aborto, del presente e, inevitablemente, del futuro.

 

LA CARRERA ABORTISTA 

Muchos de ustedes, a través de mis libros y otros escritos, saben que asistí a la Universidad de McGill en Montreal, Canadá, donde recibí mi grado de médico. Mi padre se había graduado como médico de la misma universidad unos treinta años antes que yo.

Mientras yo estaba en mi tercer año de medicina, mi novia quedó embarazada. Era extremadamente difícil encontrar alguien que le practicara un aborto en Montreal, que era, en ese tiempo, una ciudad fervientemente católica. Sin embargo, finalmente encontramos un anciano que había sido un practicante de la medicina, y él llevó a cabo el aborto. Yo ni me aproximé al lugar del aborto. Muchas horas después, mi novia se encontró conmigo en las escaleras de la biblioteca de McGill; estaba pálida y en estado de choque, debido a la pérdida de sangre. La llevé a casa y la cuidé hasta que se recuperó. Pero esa experiencia dejó una cicatriz duradera en mi psique.

Hice mi residencia en obstetricia y ginecología en un hospital urbano de un ghetto de la ciudad de Nueva York, el Hospital de la Mujer. Quedaba en Harlem, que es un área de Nueva York que es la zona negra. Y siempre, en las camas de nuestro pabellones, teníamos muchas, muchas mujeres enfermas y muriendo por abortos ilegales.

De nuevo, esto me causó una profunda impresión y propició un sentimiento de profunda rebelión contra la injusticia: que la restricción de leyes en favor del aborto forzara a las mujeres a llevar a cabo abortos sucios, sin limpieza, en sitios escondidos, en donde destruían sus órganos reproductivos o las mataban.

En 1967, conocí a un hombre, en una reunión social, cuyo nombre era Lawrence Leitner. Él era un ardiente proponente del aborto a petición. Luchaba por tumbar todas las leyes que restringían el aborto, y había escrito un libro en ese sentido. Fue el primer libro de su tipo, jamás escrito, exigiendo el aborto a solicitud de las pacientes, y atacando leyes que lo prohiben. Así, él y yo, con Betty Friedan y otros dos más, organizamos un grupo de acción política llamado NARAL. Era la Asociación Nacional para el Repudio de las Leyes Antiaborto. Ahora se conoce como la Liga de Acción ProDerecho al Aborto. Comenzamos muy modestamente.

El presupuesto para el primer año fue de $7.500 dólares. Eso fue en 1969. El presupuesto para esa organización el año pasado fue de $4.500.000,oo dólares.Ha crecido enormemente. Y ahora es la entidad política pro aborto en el mundo entero.

Tuvimos un éxito enorme. En el primer año tumbamos la ley que prohibía el aborto en el Estado de Nueva York. Esa ley regía desde 1829. Ciento cuarenta años. Y seguimos coadyuvando la derogación de leyes en un gran número de estados, y posteriormente ayudamos a impulsar el notable fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos, de 1973, la cual tumbó efectivamente todas las leyes que restringían el aborto e hizo legal el aborto hasta el final del noveno mes inclusive, de gestación. Esa ley aún rige hoy. Pero no fue suficiente simplemente con derogar las leyes.

Habiendo hecho asequible el aborto, ahora teníamos que implementar esas leyes: es decir, ofrecer a las mujeres un sitio limpio, seguro, humanitario y económico donde tener sus abortos, y con ese fin, organicé el Centro para la Salud Sexual y Reproductiva. Esto era una clínica de abortos, en la ciudad de Nueva York. La clínica tenía diez salas de operaciones, 35 doctores y 85 enfermeras, que trabajaban bajo mi dirección, pues yo era el director. La clínica funcionaba desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche todos los días, incluyendo el domingo.

 

En un ambiente hospitalario, bajo anestesia, yo ejecuté el aborto de mi propio hijo. Fue frío, impasible y puramente quirúrgico. No tuve sentimientos, excepto la satisfacción de una labor bien hecha. 

 

Hicimos 120 abortos cada día. Al cabo de dos años, habíamos llevado a cabo sesenta mil abortos. Yo, personalmente, había supervisado otros 10.000 abortos practicados durante el entrenamiento de los residentes en el hospital. Y yo había efectuado 5.000 abortos con mis propias manos. Así que tengo 75.000 abortos ya en mi vida. Y les aseguro que esta es una experiencia grande para hablar sobre este tema. Durante mi tiempo como director de esa clínica, mi novia de aquel entonces, otra novia, quedó embarazada. Insistí en que se hiciera un aborto. Ella no deseaba hacérselo, pero yo insistí. No sólo eso, sino que le dije que el aborto debía ser hecho por el mejor abortista del país: por mí, y así, en un ambiente hospitalario, bajo anestesia, yo ejecuté el aborto de mi propio hijo. Fue frío, impasible y puramente quirúrgico.

No tuve sentimientos, excepto la satisfacción de una labor bien hecha.

 

 

NO MÁS ABORTOS 

Terminé mi trabajo en la clínica a comienzos de 1973, y asumí el cargo de jefe de obstetricia en el Hospital de San Lucas, de Nueva York. Ese es un hospital universitario para la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia. Y fue justamente en ese tiempo cuando comenzamos a introducir toda la nueva tecnología: ultrasonido, monitoreo electrónico cardíaco fetal, histeroscopia, fetoscopia, todo lo que nos permitía una ventana dentro del seno materno. Ahora, por primera vez, podíamos ver, medir, comprender y observar el feto humano.

Podíamos observarlo respirando, haciendo movimientos respiratorios, podíamos verlo dormir y aun soñar. Podíamos observarlo orinar, tragar, moverse, todo lo que uds. y yo hacemos.Después de cuatro años de acumular esta abundante información acerca del feto humano, finalmente cambié mi opinión, no hice más abortos y me convertí, como era natural, en un vocero defensor de la vida.

Sentí que si había sido estridente en el ámbito en pro del aborto, era apenas justo que yo fuera estridente en el tema pro-vida. Tengo una mente investigadora, curiosa. En 1974 comencé a preguntarme qué es lo que realmente le sucede a un feto durante un aborto. Persuadí a un colega mío, que trabajaba en una clínica de abortos dos veces por semana, para que hiciera sus treinta o cuarenta abortos de esa semana con una máquina de ultrasonido sobre el abdomen de la mujer gestante y que grabara en videocinta el aborto. Él me entregó las grabaciones la mañana del lunes. Eran terribles. Mostraban una destrucción tan bárbara, tan terrible, del feto, que él nunca jamás hizo otro aborto, y un hombre de California me persuadió a hacer una película sobre ese segmento de grabación que muestra al bebé siendo despedazado, los brazos y las piernas siendo arrancados por la succión, y al doctor aplastando la cabeza. Muchos de uds. pudieron haber visto esta película.

En 1987, debido a que había tantos abortos tardíos en los Estados Unidos - un aborto tardío es uno que se hace después de las 13 semanas de embarazo -, debido a que había 120.000 abortos de estos cada año en los Estados Unidos, decidí ver qué les pasaba a estos bebés más grandes durante un aborto. Así que persuadí a otro amigo que hacía abortos para que pusiera un instrumento óptico dentro del vientre de la madre, en el útero. Tenía una fuerte luz y un lente en cada extremo, instalamos una cámara en el lente y filmamos el aborto durante su desarrollo.Fue tan demoledor, que, cuando por primera vez mostré esa película en París, había un médico sentado en la primera fila, y cuando vio las imágenes, vomitó y se desmayó. Esa película se conoció como El eclipse de la razón.

 

Ya no tendremos ni idea de cuántos abortos se están produciendo. Porque el doctor prescribe la droga a la paciente, o ella puede comprarla en la droguería. No tendremos una idea de las complicaciones. Nada de esto será registrado. Esto es un serio cambio de circunstancias. Y, sobre todo, no tenemos forma de detenerlo. 

 

 

EL LENGUAJE ENGAÑOSO DE LOS ABORTISTAS. 

Pero sí quiero ahora regresar al presente y ponerlos al día acerca de ciertos sucesos en las guerras contra el aborto, con las cuales uds. deben estar familiarizados. El primero es el llamado aborto de nacimiento parcial, del cual han oído en los Estados Unidos. Este es un procedimiento generalmente llevado a cabo a las 26, 28 o 30 semanas de embarazo. En este procedimiento, el doctor coloca a la paciente bajo anestesia, dilata el cuello del útero, rompe la bolsa de aguas, busca adentro, agarra los pies del bebé y lo hala hacia abajo a través del cuello del útero hacia la vagina; esto es, esencialmente, un parto por intrusión. Y al puro final del parto, el médico toma un instrumento, un instrumento de succión, y lo introduce por un orificio en la base del cráneo, succiona todo el cerebro del niño, y luego la cabeza finalmente sale.

Esto ha venido sucediendo unas 5.000 o 6.000 veces por año en los Estados Unidos. Se dijo que se estaba haciendo sólo porque el feto era deforme. Pero un hombre llamado Fitzsimmons, quien fue director de una grande coalición de clínicas de abortos, se presentó ante el Congreso estadounidense y confesó que los abortistas, incluyéndose a sí mismo, habían estado mintiendo: que estos tipos de abortos eran realizados sin ninguna razón diferente a la comodidad y conveniencia de la madre y del padre. Esto, por supuesto, creó una gran conmoción. Sobre ese tema, permítanme retroceder un momento. Si uno desea luchar contra el aborto, es mejor que tenga clara su terminología. De lo contrario, será vencido en cada debate.

Los medios de comunicación llaman a esto un aborto de nacimiento parcial, pero esto no es un aborto. Médicamente, definimos, y al decir “definimos” me refiero a los obstetras. Mark Twain dijo una vez que uno nunca debe usar la palabra “nosotros”, a menos que uno tenga lombrices. Pero definimos el aborto como cualquier cosa que separe a la madre y al feto antes de la vigésima semana. Cualquier cosa después de eso no es médicamente un aborto.

Es un parto prematuro con el asesinato premeditado del niño. Resumiendo, la palabra adecuada para este procedimiento no es aborto de nacimiento parcial, sino infanticidio. Y si ud. usa la palabra aborto, está cayendo en la trampa de la gente proaborto, quienes comenzarán a hablarle de política, de los derechos de las mujeres, de la libertad reproductiva y de todo eso. No se trata de un aborto. Es el asesinato de un niño vivo.

 

 

PROLIFERACIÓN DE DROGAS ABORTIVAS 

Una vez se dijo que no hay trampa más mortífera que la trampa que nos ponemos a nosotros mismos. Yo les advertiría que sean muy precisos acerca de sus términos técnicos. Aclararé algo acerca del aborto médico. No es únicamente algo que esté en el horizonte. Es algo que se está haciendo en grandes cantidades en Europa y ahora en Estados Unidos. ¿Qué quiero decir con “aborto médico”? Es un aborto inducido por medio de medicamentos, drogas. Hay dos drogas que se están usando para provocar abortos. Una se llama RU-486. Es la droga francesa. Se está usando en más de 1.000.000 de abortos en Europa. Es moderadamente exitosa, pero deja a muchas mujeres con abortos incompletos; no pasan el total de la preñez, no lo arrojan todo, y así permanecen en su casa con terrible dolor, sangrando profusamente, y deben ser llevadas a un hospital.

La otra droga que se está usando sin ningún visto bueno, sin ninguna aprobación del gobierno o de ningún otro ente, es una droga llamada Methotraxate. El Methotraxate es una droga extremadamente tóxica, venenosa. Se usa principalmente en el tratamiento de cáncer. Pero ahora varios médicos han empezado a usarla para producir abortos. No ha habido experimentos con ella, no se ha probado con animales, no ha habido tampoco estudios por computadora con ella. Las mujeres se están usando nuevamente como conejillos de Indias, como sujetos de experimentación. Esta es una historia antigua, que comienza con la píldora anticonceptiva. Pero, de nuevo, las mujeres y sus cuerpos están siendo usados sin ningún sentido de responsabilidad.

Permítanme decirles cuán peligroso es el “Methotraxate.” Los médicos tenemos un libro llamado Vademecum, que es un libro enorme que contiene los efectos de todas las drogas conocidas en los Estados Unidos. La mayoría de drogas tiene media página de información acerca de su acción, sus peligros, su toxicidad, etc. Sobre el “Methotraxate” hay seis páginas. La primera página tiene una caja en negro, enumerando los efectos tóxicos, venenosos y aun fatales de esta droga. Y, sin embargo, esta droga está siendo ampliamente usada ahora para producir abortos, sin ninguna resistencia de los medios de comunicación, ni del gobierno, ni de nadie más, excepto el movimiento pro-vida.

Claramente, estamos afrontando algo que será más y más común día por día. Y el aborto médico presenta peligros que son extremadamente difíciles de afrontar. Por ejemplo, ya no tendremos ni idea de cuántos abortos se están produciendo. Porque el doctor prescribe la droga a la paciente, o ella puede comprarla en la droguería. No tendremos una idea de las complicaciones. Nada de esto será registrado. Esto es un serio cambio de circunstancias. Y, sobre todo, no tenemos forma de detenerlo. Anteriormente, con el aborto clínico, podíamos bloquear las clínicas de aborto. Podíamos hablar a las mujeres que entraban a las clínicas. Pero, ahora, las mujeres sencillamente irán al doctor, cualquier doctor, y conseguirán estas píldoras, e irán a casa y tendrán un aborto. Estamos desarmados ante esto.

 

 

TRATAMIENTO PARA EL ABORTO COMO ENFERMEDAD 

Quiero ahora hablar del futuro del aborto. Una cosa que debo mencionar es que algunos de nosotros estamos estableciendo un instituto de bioética en Puerto Rico. Se llamará Instituto Bioético de las Américas, y contará con importantes expertos en bioética de América Central y del Sur para trabajar con nosotros. Y para contarnos sus problemas, y para que los solucionemos juntos.

Otra cosa que está en el horizonte es la cirugía fetal. Existen varios centros, en Estados Unidos y en Europa, que están operando a mujeres embarazadas cuyos bebés se ha demostrado que tienen algún defecto fetal. Las mujeres se colocan bajo anestesia. El abdomen está abierto, el útero está abierto; el bebé es sacado y se opera. Luego se coloca de nuevo en el útero, se cierra quirúrgicamente el útero, se cierra quirúrgicamente el abdomen, y la mujer continúa para dar a luz tres o cuatro o cinco meses más tarde. Este procedimiento se lleva a cabo usualmente de las 18 a las 24 semanas de embarazo, pero se puede realizar hasta casi el final del mismo.

Por último, quiero hablarles de la raíz, la causa profunda del aborto, y cómo tratarla. Las personas con deformidades, defectos, con toda suerte de problemas médicos, dicen que su calidad de vida es tan buena como la nuestra. Así que debemos ser extremadamente cuidadosos al utilizar esa frase: “calidad de vida.” No es diferente a la pornografía o al crimen violento o a las drogas o a cualquiera de las otras enfermedades urbanas que sufrimos. La causa es la misma. Y les diré lo que es. Es lo que se llama autonomía irrestricta. La palabra “autonomía” significa autogobierno, libertad para escoger. Se le ha dado a la autonomía un estatus de dios, con poder de regir sobre todo lo demás en el campo ético. El problema es que esa autonomía es irrestricta, no tiene relaciones con nada más y no tiene lazos o vínculos con la comunidad o la familia o la iglesia o la nación. Lo que les quiero decir es que la libertad para escoger ha estado funcionado en un vacío. Es como si nadie más existiera. Pero otros sí existen, existen otras comunidades, otras entidades, y la libertad para escoger debe ser restringida, dominada, contenida por otras consideraciones; no debe existir en un vacío, y cuando esto sucede, tenemos los resultados: el aborto.

Sí, está la libertad de escoger para las mujeres, pero existe un padre, hay una comunidad, existe un niño en el vientre, existe una iglesia, existe un país. Esos asuntos deben ser tenidos en cuenta cuando uno está tomando una decisión. Una persona que fue un fuerte impulsor del aborto,el Dr. Galen, de Nueva York, recientemente escribió un libro que yo recomendaría a todas las personas. El libro se llama La perversión de la autonomía. Y allí él entra en detalle sobre lo que acabo de decir.

A propósito, quiero llamar la atención de uds. sobre otro tópico: la calidad de vida. Ustedes van a escuchar más sobre ese tema. La calidad de vida es altamente subjetiva. Y para probar eso, un investigador canadiense, llamado Saegoll, tomó dos grupos de adolescentes. Un grupo había nacido prematuramente, muy prematuramente, y tenía todo tipo de defectos del sistema nervioso central: audición pobre, ceguera, parálisis cerebral; el otro grupo estaba formado por adolescentes perfectamente normales. Había 175 en cada grupo. E hicieron una encuesta a estos niños. 73% de los adolescentes normales dijeron que apreciaban altamente su vida. 71% del grupo enfermo dijo que apreciaba altamente su vida. No hubo diferencia. Las personas con deformidades, defectos, con toda suerte de problemas médicos, dicen que su calidad de vida es tan buena como la nuestra. Así que debemos ser extremadamente cuidadosos al utilizar esa frase: “calidad de vida.”

Permítanme terminar escribiendo esto: Nuestra esperanza de vivir tranquilamente en este mundo está en nuestra habilidad para restablecer los objetivos morales de nuestras vidas, reflejados en nuestro carácter personal y en la justicia social. Sin este despertar espiritual y moral nos destruiremos a nosotros mismos en el mal uso de nuestro instrumento. El amor es el poder más duradero en este mundo. Esta fuerza creativa tan hermosamente ejemplificada en la vida de Cristo es el instrumento más potente disponible en la incesante búsqueda de la humanidad, por la paz y la justicia.

 

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